Reflexión pastoral sobre la primera bienaventuranza: la pobreza de espíritu como verdad del corazón que se sabe necesitado de Dios, se traduce en caridad concreta y se sostiene en la esperanza del Reino.
La bienaventuranza de los misericordiosos invita a vivir la compasión de Dios en gestos concretos: perdonar, consolar, servir y acoger al hermano en lo cotidiano.
Reflexión pastoral sobre la bienaventuranza de los que trabajan por la paz y el llamado a construir reconciliación en la familia, la parroquia y el trabajo.