En su primer día en Francia, el Papa León XIV centró su mensaje en la esperanza, afirmando que «la esperanza nos anima, no la resignación», y presentó esa virtud como motor del testimonio cristiano frente al desaliento.
Un relato recuerda una amistad de más de medio siglo que acompaña un camino que va de Chicago hasta la cátedra de Pedro, testimonio de fidelidad, comunión y caridad en la Iglesia.