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En Asís, Baturi reafirma que toda vida vale, incluso la que se apaga

Pasaje Bíblico – Salmo 139:13 – 14: «Tú has formado mis entrañas, me has tejido en el seno de mi madre. Te doy gracias porque me has hecho de manera tan admirable; tus obras son maravillosas, bien lo sé.»
Reflexión: La vida no vale por lo que produce ni por lo que rinde, sino porque ha salido de las manos de Dios, que la teje con cuidado desde el principio. Baturi lo recordó en Asís con una frase que no admite matices: ninguna vida carece de valor, ni siquiera la que se apaga.

Baturi pronunció en Asís una afirmación que interpela directamente a la conciencia de nuestro tiempo: ninguna vida carece de valor, ni siquiera la que se apaga. Con esas palabras quiso subrayar que el valor de una persona no se mide por su salud, su autonomía ni su capacidad de producir, sino por el hecho mismo de existir y de ser amada.

La frase adquiere todo su peso cuando se la aplica a los tramos más frágiles de la existencia: el enfermo grave, el anciano que ya no puede valerse por sí mismo, quien atraviesa el sufrimiento o se acerca al final de sus días. En esos momentos la tentación frecuente es apartar la mirada y considerar esas vidas una carga.

Frente a esa tentación, el mensaje de Asís propone una mirada distinta: la de quien reconoce en el más débil a un hermano y no un problema que resolver. Acompañar al que sufre y sostener al que se apaga no es un gasto inútil, sino un acto de humanidad y de fe que devuelve dignidad a quien lo recibe y también a quien lo realiza.

Para el creyente, esta certeza tiene raíz teológica: cada persona ha sido creada a imagen de Dios y es amada por Él de manera única e irrepetible. Por eso la vida, incluso cuando se debilita y pierde fuerzas, sigue siendo un don que merece respeto, protección y cuidado hasta el último instante.

La afirmación de Baturi en Asís tiene además una consecuencia pastoral concreta: llama a las comunidades cristianas a no dejar solos a los enfermos ni a sus familias, a visitar, escuchar y rezar con quienes atraviesan la prueba, y a dar testimonio de que ninguna existencia deja de tener sentido a los ojos de Dios.

Gracias por acompañarnos en esta reflexión. Que el Señor nos conceda mirar a cada persona, sobre todo a la más frágil, con la misma ternura con que Él la mira.

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