Pasaje Bíblico: Hijitos, guardaos de los ídolos. (1 Juan 5, 21)
Reflexión: El Apóstol San Juan nos recuerda que incluso lo más apasionante –como el deporte– puede desviar el corazón cuando ocupa el lugar de Dios. La idolatría no solo se manifiesta en estatuas, sino en todo aquello que exige una devoción absoluta y exclusiva.
Tras la reciente final del Mundial, se han registrado múltiples insultos entre aficionados argentinos y españoles en redes sociales y espacios públicos. La tensión, lejos de disiparse con el pitido final, se ha intensificado alimentando una rivalidad que ha traspasado los límites de la sana competencia.
Ante esta situación, un sacerdote –cuyo nombre no ha sido revelado– ha señalado con claridad: “No es fútbol, es idolatría”. Sus palabras, recogidas en diversos medios, buscan poner una alerta espiritual sobre el lugar que se le ha dado al deporte en el corazón de muchos creyentes.
El presbítero recordó que el fútbol, como cualquier otra actividad humana, es bueno cuando se vive con orden y respeto. Pero cuando provoca odio, insultos y divisiones entre hermanos, deja de ser un juego y se convierte en un ídolo que exige víctimas. “El ídolo pide fervor, pero no da salvación”, añadió.
Los insultos entre argentinos y españoles no son un hecho aislado, sino un síntoma de una cultura que ha sacralizado el triunfo deportivo. El sacerdote advierte que detrás de estas actitudes hay una herida espiritual que solo puede sanar volviendo al verdadero culto a Dios.
La Iglesia, fiel a su misión, llama a los fieles a examinar sus afectos y a no permitir que ninguna criatura –ni siquiera el balón– ocupe el lugar del Creador. “Ganen o pierdan, lo esencial es que Dios sea glorificado en nuestras vidas”, concluyó el religioso.
Agradecemos la reflexión de este sacerdote y pedimos al Señor que nos conceda la sabiduría para ordenar nuestras pasiones según su voluntad. Que el fútbol nos una en la alegría y no nos separe en el rencor. Amén.


