Pasaje Bíblico: Juan 14,6: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.»
Reflexión: En nuestra vida, a menudo surgen asuntos que quedan sin resolver, temas pendientes que pesan en el corazón. Cristo se presenta como el único camino que conduce a la plenitud. Ante la incertidumbre, Él nos invita a confiar en su guía y a esperar con paciencia la luz que solo Él puede dar.
La existencia cristiana no está exenta de esperas, silencios y situaciones que parecen quedar en suspenso. A veces, una conversación que no se dio, una decisión que no se toma, una herida que no sana: todo ello forma parte del misterio de la fe. La Iglesia nos enseña que Dios nunca abandona a sus hijos, y que incluso en el desierto de lo “pendiente” Él prepara un camino nuevo.
El Salmo 27 nos recuerda: “Espera en el Señor, sé fuerte y ten valor, espera en el Señor”. Esta espera activa no es pasividad, sino vigilancia orante. Es el momento de profundizar en la relación con Dios, de examinar nuestra conciencia y de ofrecer nuestras preocupaciones en el altar. La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana, nos da la fuerza para soportar la incertidumbre con paz.
En el contexto de la vida pastoral, muchas comunidades enfrentan procesos de discernimiento, proyectos sin concretar o conversiones que tardan en llegar. San Pablo animaba a los tesalonicenses a “orar sin cesar” y a “mantenerse alegres en la esperanza”. La oración perseverante transforma la ansiedad en abandono confiado. No se trata de forzar soluciones, sino de abrir el corazón al tiempo de Dios.
El Papa ha insistido en la importancia de la “cultura del encuentro” y de no dejarse vencer por la prisa. Un tema pendiente puede ser una oportunidad para crecer en humildad y para reconocer que no todo depende de nosotros. La Virgen María, que guardaba todas las cosas en su corazón, es modelo de quien sabe esperar en silencio la acción del Espíritu.
Por último, recordemos que Cristo crucificado y resucitado es la respuesta definitiva a todas nuestras preguntas. Lo que hoy parece una herida abierta, mañana puede ser una cicatriz que hable de redención. La fe nos sostiene: “Todo es posible para el que cree” (Mc 9,23). Encomendamos al Señor ese tema pendiente que hoy llevamos, seguros de que Él obra en el silencio.
Gracias por acompañarnos en esta reflexión. Que el Señor les conceda la paz que sobrepasa todo entendimiento y les sostenga en la espera confiada. Dios les bendiga.


