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Reflexión del Día: La única deuda pendiente del cristiano: el amor mutuo

Pasaje Bíblico – Romanos 13:8: «No tengan otra deuda con nadie, sino la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley.»
Reflexión: San Pablo no anula la Ley, sino que la lleva a su plenitud. El amor no es un añadido opcional en la vida del creyente: es la deuda que nunca terminamos de pagar y que, a la vez, todos podemos comenzar a saldar hoy mismo. Cada día hay gestos de caridad que quedan pendientes; la fe nos urge a atenderlos sin demora.

En la vida cristiana suele hablarse de «temas pendientes»: aquello que posponemos, la conversión que retrasamos, la disculpa que no damos, la ayuda que dejamos para mañana. La Palabra de Dios, sin embargo, nos recuerda que no podemos llamarnos discípulos si el amor al prójimo sigue siendo una asignatura abandonada.

La enseñanza del apóstol es clara: el que ama al prójimo ha cumplido toda la Ley. No dice que el amor reemplace los mandamientos, sino que los resume y los hace posibles. Cuando amamos de verdad, evitamos el daño, buscamos la justicia, protegemos la verdad y servimos con generosidad y humildad.

Esta deuda del amor no se salda de una vez para siempre: se renueva cada jornada. Por eso el cristiano debe examinar su vida y preguntarse qué ha dejado pendiente: una visita a quien está solo, una palabra de consuelo, la corrección fraterna, el perdón ofrecido o recibido. El examen de conciencia ayuda a descubrir esas omisiones que a menudo pasamos por alto.

La Iglesia, como madre y maestra, enseña que la caridad es el camino más excelente. No se trata de grandes empresas extraordinarias, sino de la fidelidad en lo cotidiano: acoger al que llega, escuchar al que sufre, compartir con el necesitado, rezar por los enemigos. Esos pequeños gestos saldan la deuda del amor en medio del mundo.

Cuando reconocemos nuestras faltas, la misericordia de Dios nos ofrece un nuevo comienzo. El sacramento de la Reconciliación es la puerta para dejar atrás lo pendiente y volver a caminar con paso firme. Allí encontramos la gracia que nos impulsa a traducir el amor del Evangelio en obras concretas.

Que la Santísima Virgen María, modelo de respuesta pronta a la voluntad de Dios, nos alcance la gracia de no postergar el bien que podemos hacer hoy. Agradecemos al Señor su Palabra viva y pedimos que el Espíritu Santo convierta nuestros propósitos en obras concretas de caridad.

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