Pasaje Bíblico – Mateo 20:28: «Así como el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.»
Reflexión: Cristo entregó su vida en rescate por muchos, y san Ramón Nonato siguió sus huellas hasta el extremo: se hizo rehén por los cautivos, soportó cárcel y sellaron sus labios para impedirle la predicación. Su testimonio nos recuerda que la fe verdadera se traduce en amor concreto, dispuesto a darlo todo por el hermano.
Martirologio Romano: En Cardona, de Cataluña, san Ramón Nonato, que fue uno de los primeros socios de san Pedro Nolasco en la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, y es tradición que, por el nombre de Cristo, sufrió mucho para la redención de los cautivos (c. 1240).
Fecha de canonización: Su culto fue confirmado en 1657 por el Papa Alajandro VII.
Patronato: mujeres embarazadas, de las parturientas, madres que dan de lactar, de los niños, de los inocentes.
Nació en los mismos comienzos del siglo XIII. Su nombre deja boquiabierto a quien lo oye o lo lee por primera vez. Nonnato -Nonato por más breve- sugiere a un santo sólo potencial; como si la palabra fuera un slogan publicitario que estuviera invitando a quien lo lee o escucha a que se decidiera a iniciar un programa que acabara con la santidad del guión preestablecido. De hecho, significa no-nacido. ¿Pretenderá decir el extraño nombre que, por no haber nacido todavía el santo que rellene el expediente completo de sus cualidades y virtudes, está como esperando la Iglesia a que haya uno que se decida de una vez a reproducirlas? Eso sería, lógicamente, confundir la santidad como algo que brota de la voluntad y decisión humana, cuando ella es en verdad el resultado de la acción del Espíritu Santo con quien se coopera libremente. Sería sencillamente pelagianismo.
El calificativo -que ha pasado ya a ser nombre- le viene a Ramón por el hecho de haber sido sacado del claustro materno, por medio de una intervención quirúrgica, cuando ya había muerto su madre. Por eso no nació como nacen normalmente los niños, lo extrajeron. Fue en Portell, en Lérida, cuando se iniciaba el siglo XIII.
La buena y alta situación de su padre le posibilitó crecer en buen ambiente y formación, aunque sin el cariño y los cuidados de una madre. Cuentan de su primera juventud la devoción especialísima a la santísima Virgen que le llevaba con frecuencia a visitar la ermita de san Nicolás donde pasaba ratos mientras sus rebaños pastaban.
Luego su padre quiso irlo incorporando poco a poco a las tareas de administración de sus posesiones y esa fue la razón por la que se le encuentra en Barcelona en el intento de aprender letras y números. Allí tuvo ocasión de trabar amistad con Pedro Nolasco -que por aquel entonces era comerciante- y de compartir mutuamente los deseos de fidelidad a la fe cristiana vivida con radicalidad, llegando incluso a considerar la posibilidad de entrar en el estado clerical.
Como el padre disfrutaba de un gran sentido práctico, lo reincorporó al terruño de Portell y le encargó la explotación de varias de sus fincas. Pero, sigue diciendo la antigua crónica, la misma Virgen María le comunicó su deseo de que ingresara en la recién fundada Orden de la Merced y allí estuvo de nuevo en Barcelona, puesto a disposición completa en las manos de su antes amigo Pedro Nolasco.
Noviciado, profesión, ordenación sacerdotal y ministerio en el hospital de santa Eulalia se sucedieron con la normalidad propia de quien tenía prisa por cumplir el cuarto voto mercedario, consistente en redimir a los cautivos y servir de rehén en su lugar si procedía.
En el norte del continente negro predicó, consoló, curó, fortaleció, atendió y transmitió paciencia a los cautivos de los piratas berberiscos; comprendió bien su situación y se hizo cargo de que estaban rodeados de todos los peligros para su fe. Incluso él mismo tuvo que soportar cárcel y la tortura de que sellaran sus labios por ocho meses con un candado para impedirle la predicación.
A su vuelta a España, entre el clamor de las multitudes, lo nombró Cardenal de la Iglesia el papa Gregorio IX, reconociendo sus méritos y la virtud de la caridad practicada de modo heroico; pero no le dio tiempo a llegar a Roma, pues murió antes de cumplir los cuarenta años, cuando se disponía a hacerlo.
Por el empeño de hacerse cargo de su cuerpo tanto los frailes mercedarios como los nobles señores de Cardona, decidieron de común acuerdo darle sepultura allá donde lo decidiera una mula ciega que lo llevó a lomos hasta que quiso pararse ante la ermita de San Nicolás, de Portell.
Desaparecieron las reliquias, irrecuperables ya para la veneración, en el año 1936.
Lo que no ha sido relegado al olvido por sus paisanos es la figura del santo y su acción caritativa. Esa devoción secular se refleja incluso en las fiestas y en el folklore. No digamos nada sobre la devoción que le profesan todas las parturientas, que lo tienen como especial patrón para su trance. Se divulgó por el mundo la pintura que lo muestra con la Custodia en la mano derecha, expresando así la fuente de su caridad con los hombres.
Que el ejemplo de san Ramón Nonato nos impulse a entregar nuestra vida por quienes más lo necesitan, especialmente por los que sufren en el cuerpo y en el espíritu. Gracias por acompañarnos en esta meditación diaria; que Dios los bendiga.


