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Una obra que Dios mismo llevará a término: perseverar en la esperanza

Pasaje Bíblico – Filipenses 1:6: «El que comenzó en ustedes una obra buena, la llevará a cabo hasta el día de Cristo Jesús.»
Reflexión: Estas palabras del apóstol Pablo consuelan y alientan: cuando la vida cristiana parece un proyecto a mitad de camino, cuando sentimos que hay aspectos aún pendientes de conversión y crecimiento, no estamos abandonados a nuestras propias fuerzas. Aquel que ha iniciado en nosotros la obra de la fe es fiel y no se desentiende de ella.

En el discurrir cotidiano, muchos fieles experimentan la fatiga de una fe que debe madurar entre caídas, dudas y nuevas salidas. La enseñanza de la Escritura nos invita a reconocer que la vida espiritual no es un resultado inmediato, sino un camino en el que Dios acompaña cada etapa con paciencia y misericordia.

La certeza de que Dios completará la obra comenzada no fomenta una espera pasiva. Al contrario, se convierte en estímulo para corresponder con fidelidad, sabiendo que el esfuerzo humano nunca está separado de la gracia divina. El creyente está llamado a poner de su parte, a permanecer en la oración y a alimentar la caridad fraterna.

Toda comunidad cristiana conoce también la experiencia de proyectos pastorales que parecen inconclusos, vocaciones que necesitan acompañamiento y heridas que piden reconciliación. Precisamente en esos momentos la esperanza cristiana enseña a no desanimarse, porque la obra pertenece a Dios y su tiempo no es el nuestro.

La vida sacramental fortalece esta confianza. La Eucaristía y la reconciliación son medios ordinarios por los cuales Cristo sigue sosteniendo a los suyos, purificando lo que aún está oscuro y encaminando los pasos hacia la plenitud de su Reino. Quien persevera en estos canales de gracia descubre que el Señor no abandona la obra de sus manos.

La paciencia, virtud tan necesaria en el tiempo presente, se aprende en la escuela del Evangelio. Así como el agricultor confía en la semilla sembrada y espera el fruto, el discípulo de Cristo aprende a aguardar con esperanza activa, seguro de que Aquel que prometió es fiel para cumplirlo.

Que esta certeza sostenga a quienes atraviesan momentos de aridez o desaliento. La obra buena comenzada en el Bautismo encontrará su cumplimiento en la gloria, porque la fidelidad de Dios acompaña hasta el final.

Gracias por acompañarnos en esta reflexión; que el Señor, que comenzó en ustedes la obra buena, la lleve a plenitud y los mantenga firmes en la esperanza.

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