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Santo del Día: San Evorcio de Orleans, el obispo elegido bajo la señal de la paloma

Pasaje Bíblico – Mateo 3:16 “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él.”
Reflexión: La paloma del Jordán manifestó al Hijo amado del Padre; años después, una blanca paloma se posó sobre un sencillo subdiácono y lo señaló para pastorear la Iglesia de Orleans. La escena recuerda que Dios mismo conduce la elección de sus pastores y que su Espíritu acompaña a quienes aceptan la misión.

El Martirologio Romano recoge: “En Orleans, en la Galia Lugdunense (hoy Francia), san Evorcio, obispo (s. IV)”.

En cuanto a la fecha de canonización, la información no se encuentra disponible: la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima y, en muchas ocasiones, del mismo ser humano han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Sí se sabe que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.

Nació en Roma y fue el cuarto obispo de Orleans; tuvo como discípulo a san Aniano de Orleans. Según su Vida, del todo inverosímil, él habría dedicado la catedral a la Santa Cruz y designado a san Aniano como su sucesor. Un día, cuando celebraba la misa, la mano de Jesucristo apareció encima del altar repitiendo los gestos del oficiante: cuando elevaba el cáliz, la mano aparecida también ascendía… Ese sincronismo se repitió muchas veces.

Cuenta otra leyenda que, durante un concilio celebrado en Orleans, muchos obispos se habían reunido para tratar la condena de las herejías reinantes en aquellos turbulentos años del 358. Estaban trabajando a fondo. Mientras un día hacían la oración acostumbrada, entró un desconocido y todos pusieron cara de sorpresa. Un guardián del templo, picado por la curiosidad, se acercó a él y le preguntó qué hacía allí. “Soy subdiácono de la Iglesia y mi nombre es Evorcio. Mi patria es Benevento y vengo en busca de mis hermanos Eumorcio y Casia. Están cautivos y quiero que le den la libertad”.

El guardia le llevó a su casa y lo alojó en ella. Al día siguiente se puso en camino. El guardia lo llamó y le dijo: “Amigo de Dios, ¿no sabes lo que pasa aquí? Desde que murió el obispo, no han encontrado a un sucesor. Hay dos bandos y nadie se entiende. Quédate con nosotros”. Se fue a la iglesia y se colocó al lado del guardián. Rezaron juntos. Y en ese momento apareció una blanca paloma sobre Evorcio. Todos, sin dudarlo, le nombraron obispo, y gobernó la diócesis durante 30 años.

Querido lector, gracias por acompañarnos en esta página del santoral. Que la intercesión de san Evorcio de Orleans nos mantenga fieles a la vocación que cada uno ha recibido, y que su memoria nos llene de confianza en la providencia del Padre. ¡Hasta mañana!

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