Pasaje Bíblico – Isaías 43:1 «No temas, pues yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre, tú eres mío.»
Reflexión: Antes de cualquier respuesta nuestra, ya existe una elección de Dios. El profeta no exige valor a quien se siente pequeño: le recuerda que ha sido rescatado y llamado por su nombre. Toda misión cristiana nace de esa certeza y no de las propias fuerzas.
El pasaje pertenece a los oráculos de consuelo que el profeta dirige a un pueblo desanimado, lejos de su tierra y tentado a creer que Dios lo ha abandonado. La respuesta del Señor no es un reproche, sino una promesa sostenida por tres verbos: rescatar, llamar y reclamar como propio. Es la pedagogía constante de la Escritura, que anuncia la salvación antes de pedir conversión.
Sobre esa confianza se construye la vida cristiana. El Papa Francisco, fallecido el 21 de abril de 2025, insistía con frecuencia en que Dios no se cansa de perdonar y en que los creyentes están llamados a caminar sin miedo aun en medio de las dificultades. Su enseñanza recordaba que la fe no es un refugio para evadir la historia, sino una fuerza para habitarla con esperanza.
En este tiempo, la Iglesia peregrina, guiada por el Papa León XIV, continúa anunciando ese mismo mensaje de cercanía y misericordia. No se trata de un discurso abstracto, sino de una palabra que sostiene a las familias, a los enfermos, a los migrantes y a cuantos atraviesan pruebas silenciosas. La comunidad cristiana está llamada a ser signo visible de esa pertenencia que Dios concede a cada uno de sus hijos.
El llamado es personal y, a la vez, comunitario. Cuando el Señor dice «te he llamado por tu nombre», habla de intimidad; cuando añade «tú eres mío», habla de pertenencia. Nadie es un número anónimo dentro del pueblo de Dios, y nadie queda excluido de su cuidado.
De ahí brota el compromiso cotidiano: la oración fiel, el examen de conciencia, las obras de misericordia, la paciencia con quienes nos rodean. La confianza en Dios no dispensa de responsabilidad; más bien la fundamenta, porque quien se sabe amado puede entregarse sin cálculos y sin miedo al fracaso.
En tiempos de ruido, prisas y noticias inciertas, volver a Isaías 43:1 es volver al fundamento. La vida cristiana no comienza por lo que hacemos para Dios, sino por lo que Dios ha hecho por nosotros: nos ha rescatado, nos ha llamado por nuestro nombre y nos ha hecho suyos.
Agradecemos al Señor porque su Palabra sigue sosteniendo a su pueblo, y damos gracias también a ustedes por acompañarnos en esta lectura orante. Que la certeza de ser llamados por nombre anime cada paso de esta jornada.


