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Santo del Día: San Calixto I, el papa que veló por las catacumbas y reconcilió a los pecadores

Pasaje Bíblico – Lucas 15:7: «Les digo que así habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.»
Reflexión: La misericordia que se alegra por el pecador que vuelve fue el sello del pontificado de San Calixto I. En una época en que muchos discutían cuántas faltas podían perdonarse, él recordó con su propia vida que la Iglesia es madre antes que jueza, y que cada reconciliación es una fiesta en el cielo. Su testimonio nos invita a no endurecer el corazón ante quienes han caído, sino a ofrecerles, como él lo hizo, el camino de regreso a casa.

Martirologio Romano: San Calixto I, papa y mártir, que, cuando era diácono, después de un destierro en la isla de Cerdeña tuvo a su cuidado el cementerio de la vía Apia que lleva su nombre, donde dejó para la posteridad las memorias de mártires; y elegido papa, promovió la recta doctrina, reconcilió benignamente a los apóstatas, terminando su intenso pontificado con la gloria del martirio. En este día se conmemora su sepultura en el cementerio de Calepodio, en la vía Aurelia, en Roma (c. 222).

La etimología de su nombre, Calixto, proviene del griego y significa «aquel de gran belleza».

Las catacumbas son una meta obligatoria para los peregrinos y turistas que van a Roma. Particularmente célebres y frecuentadas son las de San Calixto, que el Papa Juan XXIII definió como «las más importantes y las más célebres de Roma». Quedan cerca de las también famosas catacumbas de San Sebastián y de Santa Domitila. Comprenden un área de 400 metros por 300, con cuatro pisos sobrepuestos; se ha calculado que tienen no menos de 20 kilómetros de corredores.

Esta obra colosal recuerda para siempre a San Calixto, porque fue él quien se preocupó por su realización, primero como diácono del Papa Ceferino y después como Papa. Pero este lugar no es precioso solo por sus dimensiones, sino por el gran número y la importancia de los mártires que fueron «depositados» allí: particularmente célebres son las criptas de Santa Cecilia y la contigua de los Papas Ponciano, Antero, Fabián, etc. Por eso puede parecer extraño que falte precisamente la de San Calixto, que fue quien hizo construir esa cripta.

La tumba de San Calixto se encuentra en el corazón de la antigua y genuina Roma: en la basílica de Santa María en Trastevere, que fue construida por el Papa Julio a mediados del siglo IV, intitulada también a San Calixto.

Calixto nació en Trastevere en la segunda mitad del siglo II, y su padre era un tal Domicio. Era de humilde condición, pero muy apreciado por su correligionario Carpóforo, que le confió la administración de sus bienes. Pero algo no marchó bien, pues poco después el pobre Calixto fue condenado a hacerle dar vueltas a una rueda de molino para pagar al patrón y a la comunidad cristiana los perjuicios ocasionados.

Poco tiempo después Calixto tuvo que soportar otra dura condena: la flagelación y la deportación a Cerdeña, por las acusaciones de los judíos. La comunidad cristiana lo rescató, incluso con la intervención de Marcia, la concubina de Commodo, y entonces Calixto colaboró con el Papa Víctor y con Ceferino, a quien sucedió como Papa en el 217.

Su elección provocó el cisma de Hipólito, que reprochaba a Calixto su origen servil y, sobre todo, su flexibilidad con los pecadores. San Calixto tuvo también que luchar contra la herejía sabeliana.

Murió «mártir», no a mano de la autoridad imperial, como asegura el Martirologio Romano, sino durante una sublevación popular.

Que la figura de San Calixto I, custodio de la memoria de los mártires y pastor de corazón amplio, nos alcance la gracia de amar a la Iglesia con la misma entereza y la misma ternura con que él la sirvió. Gracias por acompañarnos en la lectura de este Santo del Día; que su intercesión los guarde y los anime en el camino de la fe.

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