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Santo del Día: San Evaristo, el papa que rigió la Iglesia bajo Trajano y murió mártir

Pasaje Bíblico – Juan 3:16: «Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.»
Reflexión: El amor de Dios no se quedó en palabras: se entregó. San Evaristo entendió esa lógica y la vivió hasta el final, cuando la Iglesia de Roma crecía en silencio y bajo persecución. Gobernar, enseñar y ordenar la vida de la comunidad no fue para él un ejercicio de poder, sino una forma de entregarse, como el Hijo entregado por el mundo. También hoy la fe se sostiene en esa entrega discreta y firme de quienes cuidan del rebaño.

Martirologio Romano: En Roma, san Evaristo, papa, que fue el cuarto sucesor de san Pedro y rigió la Iglesia romana en tiempo del emperador Trajano.

Nació por los años 60, de una familia judía asentada en tierras griegas. Recibió educación judía y aprendió en los liceos helénicos. No se conocen datos de su conversión al cristianismo, pero se le ve ya en Roma como uno de los presbíteros muy estimados por los fieles que, lleno de celo, elevaba el nivel de la comunidad de cristianos de la ciudad, entregándose por completo a mostrarle a Jesucristo. Amplio conocedor de la Sagrada Escritura, era docto en la predicación y humilde en el servicio.

Muerto mártir el Papa Anacleto, sucesor de Clemente, la atención se fijó en Evaristo. Por humildad se resistió con todas las fuerzas posibles a asumir la dignidad que comportaba tan alto servicio. El día 27 de Julio del año 108 tuvo la Iglesia por Papa a Evaristo.

Atendió cuidadosamente las necesidades del rebaño: defendió la verdadera fe contra los errores gnósticos. Estableció normas que afectaban a la consagración y al trabajo pastoral de los Obispos y de los diáconos. Mandó la celebración pública de los matrimonios. Se ocupó de la vida de los fieles, esbozándose ya una cierta administración territorial, para su mejor atención y gobierno. También escribió cartas a los fieles de Africa y de Egipto.

Murió mártir, siendo Trajano emperador, hacia el 117. La iglesia del tiempo cada día crecía en número, pero estaba perseguida por las leyes; era silenciosa y fuerte en la fe, oculta y limpia en las obras; vivía dentro del Imperio en estado latente, desplegando poco a poco su potencialidad al soplo del Espíritu.

Gracias por acompañarnos en esta memoria de san Evaristo; que su ejemplo de humildad y de fidelidad sostenga nuestra oración de hoy y nos ayude a servir con la misma entereza.

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