El ministerio del presbítero en el centro de la asamblea plenaria que se inauguró el lunes 9 de febrero en Bogotá: la misión se vive entre los demás y no en el aislamiento
En la carta apostólica del pasado 8 de diciembre Una fidelidad que genera futuro, recordando la enseñanza del Concilio Vaticano II, León XIV subrayó que la esperada renovación de toda la Iglesia depende en gran medida del ministerio de los sacerdotes y pidió que se reforzara el acompañamiento pastoral para que puedan vivir su vocación con alegría, gratitud y responsabilidad, dando testimonio de que es posible ser presbíteros felices en el seguimiento de Cristo. Este documento del Papa también inspiró a la Conferencia Episcopal Colombiana en la formulación del tema de su asamblea plenaria, inaugurada el lunes 9 de febrero y titulada El presbiterio en la Iglesia sinodal.
El ministerio ordenado —dijo el arzobispo vicepresidente Gabriel Ángel Villa Vahos en la homilía de la misa inaugural— tiene una forma radicalmente comunitaria: ningún sacerdote vive su misión de manera aislada, sino en comunión con otros, caminando juntos en la corresponsabilidad pastoral. El prelado también exhortó a pasar de una pastoral centrada en la conservación a una más decididamente misionera, afirmando que «el verdadero templo es la vida humana». De ahí la necesidad de salvaguardar la dignidad de cada persona, sobre todo en una Colombia marcada por la violencia, la exclusión y el sufrimiento, fortaleciendo la fraternidad prebisteral, la fidelidad a la llamada recibida y la formación permanente.
Paz desarmada y opción por los pobres
El tema central de la asamblea (que concluirá el viernes 13) fue abordado en su discurso por el arzobispo presidente del episcopado, Francisco Javier Múnera Correa, quien subrayó la urgencia de reavivar la esperanza en los presbíteros, así como los lazos de comunión, promoviendo la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión. Asimismo, reiteró el compromiso de la Iglesia colombiana con la opción preferencial por los pobres, la cultura del cuidado, la prevención de los abusos y la atención prioritaria a las víctimas.
Inspirándose en el magisterio del Papa León XIV, monseñor Múnera recordó que la paz que brota de Jesucristo resucitado no responde a la lógica de la violencia ni de la imposición, sino al poder transformador de la bondad. “La bondad es desarmante”, afirmó, al evocar el estilo de Jesús, cuya lucha fue desarmada incluso en medio de contextos históricos, políticos y sociales adversos. En este horizonte, señaló que la Iglesia en Colombia está llamada a ser profeta y testigo de esta novedad, escuchando el dolor ajeno y ayudando a liberar a la sociedad del engaño de la violencia, para que la paz de Cristo se traduzca en justicia, reconciliación y dignidad humana.
Crecer en fraternidad
Durante la primera jornada de trabajo —según informa un comunicado— se dieron a conocer los resultados de dos encuestas realizadas a presbíteros y obispos que permitieron identificar lo que alegra la vida de los sacerdotes, lo que les entristece, lo que les preocupa y lo que necesitan hoy, ofreciendo elementos concretos para orientar el ministerio. Según la investigación, la vida espiritual, la oración, el servicio pastoral y las relaciones fraternas emergen como fuentes centrales de significado y motivación, mientras que la soledad, el aislamiento, las presiones contextuales y la fragilidad humana se presentan como desafíos que requieren acompañamiento y formación continuos. Fragilidades que se ven agravadas por el complejo contexto colombiano, caracterizado por conflictos, tensiones y polarizaciones. Interviniendo en el debate, el padre Juan Manuel Muñoz Guerra, vicario general de la diócesis de Magangué, destacó la importancia de acompañar a los sacerdotes que viven en soledad y aislamiento y de cuidar su salud física y mental, mientras que el padre Ariel Torres Hansen de la archidiócesis de Florencia, afirmó que uno de los grandes retos comunes es crecer en la fraternidad sacerdotal, encontrándose y descubriéndose hermanos.
Por: Vatican News

