Pasaje Bíblico – Mateo 16:18 «Yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no la vencerá.»
Reflexión: La promesa hecha a Pedro sostiene a la Iglesia en toda época. Al recordar los 650 años del inicio del regreso del Papa a Roma, la mirada se detiene en un momento en que la comunidad cristiana fue llamada a recomenzar su camino, y en la memoria de Catalina, unida a aquel episodio. La misma promesa de Cristo es la que hoy nos invita a caminar con confianza.
Se cumplen 650 años del inicio del regreso del Papa a Roma. La efeméride recuerda el momento en que comenzó aquel camino, un acontecimiento que la memoria de la Iglesia conserva y que en estos días vuelve a proponerse a la atención de los fieles.
En el recuerdo de aquel regreso, el nombre de Catalina ocupa un lugar central. La conmemoración reúne a Catalina y al Papa en una misma página de la historia eclesial y subraya el vínculo que unió a ambos en torno a ese regreso a Roma.
Todo regreso es, en el lenguaje de la fe, una vuelta a las raíces. Aquel camino comenzado hace 650 años fue también un gesto de comunión: tras un tiempo de ausencia, la Iglesia volvía a mirar hacia el lugar que la tradición reconoce como signo de su unidad.
La Iglesia es, ante todo, un pueblo peregrino. El camino de vuelta a Roma iniciado hace 650 años se inscribe en esa condición: caminar, detenerse y volver a partir, siempre detrás de Cristo, que convoca y envía. Y, al mismo tiempo, los lugares importan, porque la fe se encarna en la historia concreta de los hombres y de los pueblos.
La figura de Catalina recuerda el papel de quienes, con su oración y su testimonio, acompañan el caminar de la Iglesia y ayudan a mantenerla fiel a su misión. Su memoria, unida a este aniversario, invita a pedir al Señor la docilidad y la perseverancia necesarias para responder a lo que hoy se nos pide.
Al conmemorar estos 650 años, damos gracias a Dios por la historia de la Iglesia y por cuantos, como Catalina, han sostenido con su vida la fidelidad del pueblo de Dios. Que el recuerdo de aquel regreso renueve en nosotros el deseo de caminar juntos hacia el Señor.


