Pasaje Bíblico – 1 Pedro 5:2 – 3: «Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido confiado, cuidando de él, no por obligación sino voluntariamente, como Dios quiere; no por un interés mezquino, sino con generosidad; no como déspotas sobre los que os han sido asignados, sino como modelos del rebaño.»
Reflexión: Todo pastor es ante todo un servidor. San Aredio de Limoges, abad conmemorado el 25 de agosto, nos recuerda que la autoridad en la Iglesia no se mide por el poder sino por la entrega. Quien guía al pueblo de Dios está llamado a hacerlo con corazón libre, sin buscar ventajas propias, sino el bien de las almas.
La memoria litúrgica de San Aredio de Limoges se celebra cada 25 de agosto. La Iglesia honra en él la vocación del abad, es decir, de aquel que, como padre espiritual, consagra su vida a la oración, al trabajo y al cuidado fraterno de una comunidad. Aunque los datos de su vida sean escasos, su testimonio permanece como un llamado a la fidelidad en el servicio cotidiano.
La vida abacial floreció en los primeros siglos del cristianismo como una respuesta radical al Evangelio. El abad, según la antigua tradición monástica, es un maestro de vida espiritual que precede a los hermanos con el ejemplo antes que con las palabras. Su autoridad nace de la humildad, y su enseñanza se apoya en la obediencia a la regla y en la escucha atenta de la Palabra de Dios.
En un mundo que valora la eficiencia y el protagonismo, la figura del abad interpela a todos los bautizados: recordar que la verdadera grandeza está en servir, que ninguna autoridad cristiana puede ejercerse como dominio, y que el rebaño de Dios se conduce con el testimonio de una vida entregada. San Aredio de Limoges nos acompaña desde el cielo en este camino de conversión y servicio.
Gracias por acompañarnos en esta pausa de oración. Que San Aredio de Limoges, abad, interceda por vosotros y os ayude a vivir cada día el servicio alegre y generoso del Evangelio.


