Pasaje Bíblico – 2 Corintios 6:2: «Porque él dice: «En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te ayudé». Este es el momento favorable, este es el día de la salvación.»
Reflexión: El «hoy» de Dios es un llamado apremiante. Lo que dejamos para mañana puede convertirse en una herida que nos aleja de la paz; la gracia se recibe ahora, con el corazón abierto y dispuesto.
La vida espiritual tiene siempre cuentas pendientes: una palabra de perdón que no se ha dicho, una caridad postergada, una oración abandonada. Santo Tomás de Aquino enseñaba que la gracia no se guarda para después, sino que se acoge en el instante que Dios nos regala.
El Papa Francisco recordaba con insistencia que la misericordia de Dios nunca se cansa de esperar, pero también que la respuesta del hombre no puede demorarse indefinidamente. Cada día es una oportunidad nueva para reconciliarse con Dios y con el prójimo.
Bajo el pontificado del Papa León XIV, la Iglesia continúa proclamando que este es el tiempo favorable. No se trata de angustia, sino de discernimiento: revisar la propia conciencia y atender con valentía aquello que está pendiente.
La falta de perdón es una de las cadenas más pesadas. Atender lo pendiente significa, ante todo, soltar el rencor y pedir la ayuda del Espíritu Santo para dar ese paso que tanto cuesta. El amor no puede esperar a que todo sea perfecto.
La esperanza cristiana nos impulsa a mirar el futuro sin miedo, porque sabemos que quien confía en Dios no queda defraudado. Lo pendiente no es una condena: es una puerta que aún puede abrirse gracias a la gracia del momento presente.
Pidamos al Señor la sabiduría de aprovechar el hoy, con la certeza de que Él camina a nuestro lado. Demos gracias por su fidelidad y confiémosle cada asunto que todavía espera nuestra respuesta.


