Pasaje Bíblico – Lucas 19:9: «Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también es hijo de Abraham»»
Reflexión: La palabra de Dios no habla de un futuro lejano e indefinido: dice «hoy». Así como la salvación entró en la casa de Zaqueo, Cristo sigue llamando a nuestra puerta en el momento presente. Lo que dejamos para mañana puede convertirse en una herida que se extiende; acoger su gracia ahora es el primer paso de la conversión.
En la vida cristiana existen tareas que postergamos casi sin darnos cuenta: pedir perdón, reconciliarnos con un hermano, dejar una costumbre que nos aleja de Dios o comenzar a dedicar tiempo serio a la oración. No son asuntos menores; son llamadas que el Señor dirige a cada corazón. Cuando las dejamos siempre «pendientes», la fe corre el riesgo de convertirse en una rutina sin fruto.
El Evangelio nos enseña que cada día tiene su urgencia. Cristo no espera que seamos perfectos para acercarnos a Él; espera que le respondamos con humildad y prontitud. La gracia divina no se impone, pero se ofrece continuamente. Nos corresponde disponer el alma para recibirla antes de que se enfríe nuestra voluntad.
La Iglesia, como madre solícita, ofrece medios concretos para que nada quede sin sanar: la confesión devuelve la paz a la conciencia, la Eucaristía fortalece el camino, la caridad corrige la tibieza del corazón. Aprovechar estos dones es la mejor manera de no dejar pendiente el amor de Dios. Quien comienza hoy, aunque sea con pequeños pasos, permite que el Espíritu Santo obre en él.
Es propio del discípulo mantener viva la alerta espiritual. No sabemos cuánto durará nuestro tiempo en esta tierra, pero sí sabemos que este momento es único e irrepetible para responder con generosidad. Dios no se cansa de esperar, pero el cristiano no debe acostumbrarse a aplazar la respuesta que su fe le pide.
Que la Virgen María, modelo de respuesta inmediata y fiel, nos alcance la constancia para no dejar para mañana lo que hoy podemos vivir por amor a Cristo. Ella intercede por nosotros para que el «hoy» de Dios encuentre siempre un corazón dispuesto.
Gracias por acompañarnos en esta meditación; que el Señor les bendiga y les conceda avanzar sin demora por el camino de la fe.


