Pasaje Bíblico – Colosenses 3:17 «Y todo lo que hacen, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.»
Reflexión: No hay ámbito de la vida que quede fuera del señorío de Cristo, tampoco las pantallas que ocupan tantas horas de nuestra jornada. El Congreso de Pastoral Escolar y Universitaria invita precisamente a eso: a preguntarnos si aquello que hacemos en el mundo digital —lo que decimos, lo que compartimos, lo que callamos— puede ofrecerse también en el nombre del Señor. La respuesta no se improvisa: se educa.
El Congreso de Pastoral Escolar y Universitaria ha puesto sobre la mesa un interrogante que interpela a colegios y universidades: lo humano puesto a prueba por lo digital. No se trata de un debate técnico ni de una moda pedagógica, sino de una pregunta pastoral de fondo sobre qué significa acompañar a niños, adolescentes y jóvenes en un entorno donde la pantalla se ha vuelto un lugar cotidiano de encuentro, de estudio y también de soledad.
La pastoral educativa tiene aquí una tarea delicada. Durante siglos, la escuela y la universidad católicas se pensaron como espacios de transmisión de saberes y de formación del carácter; hoy ese mismo espacio convive con una marea de estímulos inmediatos que compiten con la atención, con el silencio y con la posibilidad misma de estar presentes unos con otros. El congreso reconoce que esa tensión no se resuelve con prohibiciones, sino con una mirada educativa capaz de discernir.
El punto de partida es la convicción de que lo digital no es en sí un enemigo. Las herramientas de comunicación han abierto posibilidades reales de acceso al conocimiento, de acompañamiento a distancia y de encuentro entre comunidades que antes no podían comunicarse. El desafío aparece cuando esas herramientas dejan de ser medios y se convierten en el único horizonte, cuando la relación con el otro se reduce a una notificación o a un gesto instantáneo.
De ahí que el acento del congreso recaiga sobre lo humano. Educar pastoralmente en tiempos digitales supone volver a lo elemental: enseñar a mirar, a escuchar, a esperar, a sostener una conversación sin pantalla de por medio. Supone también recuperar la pregunta por el sentido, que ninguna aplicación resuelve, y acompañar a los estudiantes en la construcción de una interioridad que no dependa de la aprobación ajena.
Para las instituciones educativas católicas, este discernimiento exige revisar planes, tiempos y prioridades, y sobre todo formar a quienes acompañan: docentes, tutores y familias que necesitan criterios y no solo advertencias. La pastoral escolar y universitaria está llamada a ofrecer un espacio donde la fe dialogue con la cultura digital sin miedo y sin ingenuidad.
El congreso deja así una tarea abierta a cada comunidad educativa: preguntarse qué se está perdiendo y qué se está ganando en este cambio de época, y decidir qué se quiere custodiar. Gracias por acompañar esta reflexión; que el Señor sostenga a quienes educan con paciencia y esperanza.


