Pasaje Bíblico – Éxodo 20:13 «No matarás.»
Reflexión: El mandamiento es breve, pero abarca toda la existencia humana. Cuando la violencia se convierte en espectáculo y se pone ante los ojos de cualquiera, la conciencia del valor sagrado de cada vida se oscurece. El grito del Sinaí sigue recordando que ninguna persona deja de ser imagen de Dios, ni siquiera quien ha cometido un delito grave.
El arzobispo Coakley, en Estados Unidos, calificó como «cultura de la muerte» el hecho de que una ejecución sea transmitida en streaming. Con esa expresión, el prelado puso el acento no en el procedimiento técnico, sino en lo que ese procedimiento revela cuando la muerte de un ser humano llega a presentarse como un contenido más que se observa por una pantalla.
La fórmula «cultura de la muerte» describe un ambiente en el que la vida deja de ser un bien intocable y pasa a depender de la utilidad, la conveniencia o el deseo de espectáculo. El juicio del arzobispo apunta, por tanto, a una cuestión más profunda que un solo caso: la costumbre del corazón que se vuelve indiferente ante el sufrimiento ajeno.
La fe católica sostiene que toda vida humana es sagrada desde su comienzo hasta su término natural, y que esa dignidad no se pierde por los actos que alguien haya cometido. Por eso la denuncia de Coakley no es un gesto aislado ni un simple comentario de actualidad: es una llamada a mirar con los ojos de Dios también a quien la sociedad prefiere apartar de su vista.
Transmitir una ejecución añade a la muerte un ingrediente de exhibición. El creyente está invitado a preguntarse qué clases de imágenes consume y qué se dispone a contemplar como entretenimiento. La compasión no es debilidad: es la forma en que el Evangelio nos enseña a tratar al culpable y al inocente, al que sufre y al que hace sufrir.
El Señor confió a su Iglesia la tarea de ser centinela de la vida. Escuchar la advertencia del arzobispo Coakley es una oportunidad para revisar actitudes, lenguajes y consumos; para rezar por las víctimas, por los condenados y por quienes ejercen la autoridad; y para recordar que la justicia que no busca la conversión termina pareciéndose a la venganza.
Gracias por acompañarnos en esta lectura. Que el Señor nos conceda un corazón atento, capaz de reconocer su imagen en cada persona y de defenderla con palabras y obras.


