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Una reunión de cancilleres para Nicaragua, en estudio por el Consejo de la OEA

Pasaje Bíblico: Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te pide: tan sólo practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios. (Miqueas 6:8)
Reflexión: Dios no se complace en el sufrimiento de sus hijos. Cuando un pueblo vive bajo la opresión, el clamor sube hasta el cielo. La justicia y la misericordia son caminos de conversión que también deben guiar la acción de las naciones y de los organismos internacionales. La palabra profética conserva su vigencia para los pueblos y las instituciones de todos los tiempos.

El Consejo de la OEA podría convocar una reunión de emergencia de cancilleres para examinar la represión en Nicaragua. La información de referencia señala que el organismo regional valora dar este paso de manera urgente, ante la gravedad de los acontecimientos en el país centroamericano.

Una reunión de este tipo, con la participación de los ministros de Relaciones Exteriores de los Estados miembros, permitiría un análisis colectivo y la eventual adopción de medidas diplomáticas. La OEA aparece así como espacio natural para abordar crisis que afectan la estabilidad y la paz hemisféricas. Los Estados miembros tendrían así la oportunidad de expresar su posición ante hechos que claman al cielo.

La represión mencionada en la información de referencia representa una herida que no puede ignorarse. Todo pueblo tiene derecho a vivir libre de temor y de violencia. La fe cristiana reconoce en cada persona la imagen de Dios, cuya dignidad debe ser siempre protegida. La caridad cristiana impulsa a ver el rostro de Cristo en cada hermano oprimido.

La comunidad internacional, cuando actúa con prudencia y justicia, es instrumento de la providencia divina para restablecer el orden y la convivencia. Los cristianos estamos llamados a apoyar todo esfuerzo sincero por la paz y a recordar que ninguna estructura política está fuera del juicio de Dios. La dignidad de la persona humana, don de Dios, está en el centro de toda nación.

En este contexto, la Iglesia eleva su oración por Nicaragua: por las víctimas de la violencia, por sus familias, por los gobernantes y por quienes participarán en las decisiones de la OEA. Se pide al Señor que conceda sabiduría y fortaleza a los responsables de promover el bien común. La oración no reemplaza la acción, pero la acompaña y la fecunda.

Mientras el Consejo de la OEA continúa sus deliberaciones, los fieles de toda América están invitados a intensificar la oración por la paz y la reconciliación. No hay justicia verdadera sin verdad, ni paz duradera sin respeto de la dignidad humana.

Que la intercesión de María, Madre de América, acompañe a la Iglesia y a los gobernantes en la búsqueda de soluciones justas para Nicaragua. Confiamos en que las puertas del diálogo y de la esperanza permanezcan abiertas. Esperamos que prevalezca el diálogo por encima de la confrontación y que el bien común sea el horizonte de todas las decisiones.

Gracias por su atención y por su compromiso con la verdad. Que Dios los bendiga y la paz de Cristo more en sus corazones. Seguimos encomendando la situación de Nicaragua a la divina providencia.

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