Pasaje Bíblico – Salmo 46:2 «Dios es nuestro refugio y fortaleza, un auxilio siempre a mano en las angustias.»
Reflexión: Cuando muchas cosas quedan pendientes, la tentación es angustiarse. La Palabra de Dios nos orienta hacia Él: Dios es refugio, fortaleza y auxilio cercano. En tiempos de espera, esa es nuestra certeza.
En el camino de la vida, todos llevamos asuntos que esperan resolución. Hay situaciones que no dependen solo de nosotros, proyectos que se alargan, heridas que necesitan tiempo y decisiones que piden luz. La fe no elimina esas tensiones, pero les da un horizonte distinto: no estamos solos, Dios camina con nosotros.
La oración se convierte entonces en lugar de encuentro y descanso. Allí entregamos al Padre lo que nos preocupa. No se trata de un simple desahogo, sino de un acto de confianza. Quien reza reconoce que el Señor sostiene la historia y que su providencia no abandona a sus hijos.
Este tiempo de espera puede ser también un tiempo de gracia. Lo que está pendiente nos enseña a ejercitar la paciencia, a desprendernos de la ilusión de tenerlo todo controlado y a madurar en la fe. La Biblia nos muestra cómo los justos del Antiguo Testamento esperaron contra toda esperanza, sostenidos por la promesa de Dios.
Jesús mismo conoció la espera y la preocupación. En el huerto de Getsemaní, pidió al Padre y se abandonó a su voluntad. Su ejemplo nos muestra que la verdadera paz no consiste en tener resueltas todas las cuestiones, sino en permanecer unidos a Cristo, que da sentido a nuestras luchas.
La comunidad cristiana es testigo de esta esperanza. Cuando un hermano sufre, los demás lo acompañan; cuando alguien no encuentra salida, la oración común levanta el ánimo. En estos momentos, la Iglesia invita a no guardar las angustias en el corazón, sino a compartirlas con fe.
La Virgen María es modelo de quien confía sin verlo todo. Ella guardaba las cosas en su corazón y meditaba los designios de Dios. En ella encontramos una intercesora que comprende nuestras inquietudes y nos enseña a esperar el cumplimiento de las promesas.
Gracias por acompañarnos en esta reflexión. Que la paz de Cristo, que supera todo entendimiento, guarde sus corazones y sus pensamientos.


