Pasaje Bíblico – Salmo 72:14: «De la opresión y de la violencia rescatará sus vidas, y su sangre será preciosa a sus ojos.»
Reflexión: El salmo presenta al rey justo que no se desentiende del clamor de los débiles: rescata sus vidas y no tiene por poca cosa la sangre derramada. Ante una noticia como la de Haití, esa imagen recuerda que ninguna vida es despreciable a los ojos de Dios y que la indiferencia ante la violencia termina siendo una forma de complicidad con el sufrimiento de los pequeños.
La información de referencia confirma un dato que duele: en Haití han aumentado las muertes a causa de la violencia de las pandillas. La noticia llega escueta, pero su brevedad no oculta la gravedad del drama que atraviesa ese pueblo.
Cada muerte que se suma esconde rostros concretos: padres y madres, jóvenes, niños y ancianos que no eligieron vivir bajo la violencia. Detrás de cada vida arrebatada queda una familia herida y una comunidad que pierde parte de su memoria, de su trabajo y de su esperanza.
La Iglesia no puede permanecer indiferente ante este drama. Su misión la lleva a estar cerca de los que sufren, a rezar con ellos y a recordar, con voz serena pero firme, que la violencia no construye nada duradero. Quien impone su fuerza por encima de la dignidad ajena termina destruyendo también su propia tierra.
De ahí la urgencia de una palabra clara: ningún proyecto de país puede levantarse sobre la sangre de los inocentes. Quienes tienen responsabilidad en la vida pública y quienes ejercen influencia en las comunidades están llamados a buscar el bien común, a proteger a los más débiles y a abrir caminos de diálogo y de justicia, porque sin justicia no hay paz verdadera.
Los cristianos, por su parte, están invitados a sostener a Haití con la oración y con la cercanía: recordar a las víctimas, acompañar a quienes lloran, ayudar en lo que esté al alcance y no permitir que el dolor de ese pueblo caiga en el olvido. La intercesión humilde, hecha desde la fe, es también un modo de cuidar la vida.
El Salmo 72 enseña que Dios escucha el clamor del pobre. Que esa certeza sostenga a quienes hoy sufren en Haití y despierte en todos un compromiso sincero por la paz.
Gracias por leer y por unir su oración a la de tantos creyentes que piden por la paz en Haití.


