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León XIV abre su visita a Francia con un mensaje de esperanza frente a la resignación

Pasaje Bíblico – Romanos 15:13: «Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz en la fe, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo.»
Reflexión: La esperanza cristiana no nace de las circunstancias favorables ni del cálculo humano, sino del mismo Dios que la infunde. Por eso el creyente no se resigna: confía. Cuando el Papa León XIV escoge esta palabra como eje de su visita a Francia, recuerda a la Iglesia que su tarea no es administrar desánimos, sino comunicar una alegría y una paz que vienen de la fe y del Espíritu Santo.

En su primer día en Francia, el Papa León XIV quiso dejar claro el eje que guiará su presencia en el país: «La esperanza nos anima, no la resignación». Con esa afirmación, el Pontífice situó la virtud de la esperanza en el centro de su mensaje y marcó el tono de una visita que comienza precisamente con ese llamado a mirar el futuro con confianza.

El Papa no presenta la esperanza como una evasión ni como un simple estado de ánimo. Se trata, más bien, de lo contrario de la resignación: de la actitud de quien no se rinde ante las dificultades, sino que sigue caminando sostenido por la fe. Esa distinción es la que el sucesor de Pedro propone a la comunidad católica francesa en el arranque mismo de su recorrido.

En su primer día, el Pontífice insistió en que la esperanza anima, es decir, pone en movimiento, da impulso y sostiene el trabajo cotidiano de los creyentes. Frente a la tentación de la apatía o de dar por perdidas las causas más nobles, el mensaje papal invita a recuperar la confianza como motor de la vida cristiana y del testimonio público.

La expresión «no la resignación» adquiere así un sentido pastoral concreto: quien se resigna deja de esperar, y quien deja de esperar deja también de actuar. En cambio, quien espera encuentra razones para seguir sirviendo, construyendo comunión y anunciando el Evangelio incluso en circunstancias adversas.

Este primer día en Francia queda, por tanto, enmarcado por una palabra sencilla y exigente a la vez. El Papa León XIV no propone un optimismo superficial, sino una esperanza arraigada en la fe, capaz de sostener a los creyentes y de ofrecer una respuesta serena a una sociedad que en ocasiones parece instalada en el desaliento.

Gracias por acompañarnos en esta lectura; que este mensaje nos ayude a sostener la esperanza allí donde cada uno vive y trabaja.

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