Pasaje Bíblico – Marcos 16:15: «Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación»»
Reflexión: El mandato misionero no es una sugerencia ni una tarea reservada a unos pocos especialistas: es una palabra dirigida a la Iglesia entera, también a cada bautizado. Cuando el sucesor de Pedro concede una gracia espiritual con ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones, recuerda que el anuncio del Evangelio se sostiene primero con la oración, la conversión y la disposición del corazón. Quien ha recibido la Buena Nueva está llamado a llevarla, con humildad y sin ruido, a los ambientes donde le toca vivir.
El Papa León XIV ha concedido la indulgencia plenaria con motivo de la 100ª Jornada Mundial de las Misiones. Se trata de un gesto espiritual que acompaña una convocatoria que la Iglesia celebra desde hace un siglo y que tiene como horizonte el anuncio del Evangelio a todos los pueblos.
La concesión de la indulgencia plenaria vincula así la oración personal de los fieles con la tarea misionera de la Iglesia universal. No es un gesto aislado ni meramente administrativo, sino una invitación a participar espiritualmente en la misión, también quienes no pueden desplazarse a territorios de misión o colaborar de otro modo con ella.
La Jornada Mundial de las Misiones cumple cien ediciones. Un siglo de convocatorias que han sostenido la oración por los misioneros, la animación misionera de las comunidades cristianas y la cooperación económica y espiritual con las Iglesias más jóvenes. El aniversario permite mirar con gratitud ese camino recorrido y, al mismo tiempo, preguntarse cómo seguir anunciando el Evangelio en un mundo que cambia.
La indulgencia plenaria recuerda que la misión no se sostiene solo con medios humanos. La doctrina católica la entiende como la remisión total de la pena temporal por los pecados ya perdonados, unida a las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por las intenciones del Papa. En este caso, la gracia se ofrece en el marco de una jornada que pone en el centro el envío misionero.
La convocatoria invita también a las comunidades parroquiales a rezar por las vocaciones misioneras y a acompañar a quienes ya han sido enviados. La misión, en la enseñanza de la Iglesia, no es una actividad paralela a la vida cristiana, sino su respiración natural: toda comunidad que vive de la Eucaristía está llamada a salir de sí misma y a compartir lo que ha recibido.
Con este gesto, el Papa subraya que la oración de los fieles, unida al anuncio valiente del Evangelio, sigue siendo el corazón de la misión. Gracias por acompañar esta lectura y por sostener con la oración a quienes llevan la Buena Nueva hasta los confines de la tierra.


