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Santo del Día: San Florencio de Irlanda, el ermitaño que llegó a ser obispo de Estrasburgo

Pasaje Bíblico – Salmo 27:4: «Una sola cosa he pedido al Señor, y es lo único que busco: vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, saborear la dulzura del Señor y admirar su Santuario.»
Reflexión: La vida de san Florencio de Irlanda fue, en el fondo, la respuesta a esa única petición: buscar al Señor antes que cualquier otra cosa. Dejó su tierra, se preparó para el bautismo, buscó maestros en la fe y después se retiró a la soledad de los Vosgos para vivir de contemplación. Cuando llegó el momento de servir como obispo, no abandonó esa búsqueda: la convirtió en guía y padre para su pueblo. Buscar a Dios no nos encierra en nosotros mismos; nos prepara para servir con generosidad a los demás.

Martirologio Romano: En Estrasburgo, de Burgundia, Francia, conmemoración de san Florencio, obispo, sucesor de san Arbogasto († c. 693).

Etimológicamente, Florencio significa «floreciente», y viene de la lengua latina.

En el santoral hay santos de todas las condiciones sociales, y la santidad es un deber de todo creyente. Florencio pertenecía a una de las familias más ilustres de Irlanda. Había oído hablar de Jesús y, sin pensárselo dos veces, emprendió camino hacia Francia. La razón no era otra que sabía que existían buenos maestros en la fe del Resucitado. Se preparó a fondo para recibir el bautismo y hacerse cristiano, y se dio perfecta cuenta de que Dios lo llamaba a que comenzara el sendero de la santidad.

Ya establecido en Francia, construyó una ermita en Alsacia, muy cerca del río Hazle, en los Vosgos. Allí se pasaba el día haciendo oración de contemplación ante el bello paisaje que le brindaba la naturaleza. Poco a poco la gente se fue enterando de que allí había un ermitaño con fama de santidad.

El mismo rey Dagoberto iba a menudo a esta región y se enteró de los prodigios que hacía el solitario irlandés. Tras haber hablado con él, le nombró obispo de Estrasburgo. Era un privilegio que tenían entonces algunos reyes cristianos. Florencio no quería aceptar, pero al fin cedió por los intensos ruegos del monarca.

Y dice su biografía que lo hizo tan bien que se convirtió en el padre y guía de todos sus feligreses. Fundó el monasterio de Haslach y la colegiata de Santo Tomás, que fueron dos centros de verdadera espiritualidad. Murió aproximadamente en el año 693. ¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Gracias por acompañarnos en esta memoria de san Florencio de Irlanda; que su ejemplo de búsqueda de Dios y de servicio humilde nos anime a vivir con fidelidad la fe que hemos recibido.

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