Pasaje Bíblico – Juan 14:23: «Jesús le respondió: «El que me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada»»
Reflexión: La respuesta que el Señor dio aquella noche a Judas Tadeo sigue siendo la medida exacta de toda vida cristiana: amar es guardar su palabra, y guardar su palabra es dejar que el Padre y el Hijo hagan su morada en nosotros. Los dos apóstoles que hoy celebramos entendieron esa promesa no como un consuelo sentimental, sino como un programa de vida. Simón dejó el celo por una causa terrena para abrazar la universalidad del amor de Dios; Judas Tadeo, después de escuchar esa respuesta en la última Cena, gastó su vida en anunciarla hasta el martirio. Su fiesta nos recuerda que la santidad no consiste en hablar mucho de Dios, sino en habitar en Él y dejarse habitar por Él.
Martirologio Romano: Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero llamado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago o también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación, recibiendo esta respuesta: «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él». Etimológicamente, Judas significa honrado, alabanza a Dios, y es de origen hebreo. Etimológicamente, Simón significa Dios le oye, y es también de origen hebreo.
Hoy se celebra en toda la Iglesia universal la fiesta de estos dos apóstoles del Evangelio. Simón pertenecía al grupo formado en Israel conocido como los «zelotes». Su fin era trabajar duramente contra la invasión romana en su país. Sin embargo, la escucha de la palabra de Cristo fue para él el descubrimiento de la universalidad del amor de Dios.
Judas se ha convertido en uno de los santos más populares por los favores que concede a la gente en lo concerniente a la búsqueda de trabajo. Esta devoción la vivió ya en su vida santa Brígida. Se puede leer en su libro «Las revelaciones» el profundo respeto y devoción por este apóstol del siglo I de nuestra era.
¿Por qué razón celebran la fiesta el mismo día? La cosa es muy sencilla. Cuenta la tradición que los dos iban siempre juntos en su rico y fecundo apostolado. El Señor los llamó para completar el número de los doce apóstoles, encargados de ser los continuadores de la obra de Jesús en el mundo. A Judas se le llama Tadeo para distinguirlo del otro Judas Iscariote, que traicionó y vendió al Señor por treinta monedas de plata y después se ahorcó.
San Judas escribió poco. Tan sólo una Carta suya se encuentra en la Biblia. La finalidad de su escrito era una crítica severa contra los gnósticos, una herejía que separa lo físico de lo espiritual: lo físico o corporal es malo, y el espiritual es el bueno, y los dos provienen mediante emanaciones del mismo Dios. Su Carta termina con estas palabras: «Sea gloria eterna a nuestro Señor Jesucristo, que es capaz de conservarnos libres de pecados, y sin mancha en el alma y con gran alegría».
Los dos murieron martirizados de forma cruel. ¡Felicidades a quienes lleven estos nombres!
Oración a San Judas Tadeo: Apóstol gloriosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, aclamado por los fieles con el dulce título de Abogado de los casos desesperados, hazme sentir tu poderosa intercesión aliviando la gravísima necesidad en que me encuentro. Por el estrecho parentesco que te hace primo hermano de Nuestro Señor Jesucristo, por las privaciones y fatigas que por Él sufriste, por el heroico martirio que aceptaste gustoso por su amor, por la promesa que el divino Salvador hizo a Santa Brígida de consolar a los fieles que acudiesen a tu poderosa intercesión, obtenme del Dios de las misericordias y de su Madre Santísima la gracia que con ilimitada confianza te pido a ti, Padre mío bondadosísimo, seguro de que me la obtendrás siempre que convenga a la gloria de Dios y bien de mi alma. Así sea. Glorioso Apóstol San Judas Tadeo, ruega por nosotros (repetir tres veces). En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Gracias por acompañarnos en esta memoria de los apóstoles Simón y Judas Tadeo. Que su valentía sostenga nuestra fe en los días difíciles y que su intercesión mantenga encendida en nosotros la alegría del Evangelio. Hasta la próxima entrega.


