Pasaje Bíblico – Filipenses 4:4: «Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres.»
Reflexión: La alegría cristiana no es un optimismo superficial, sino una convicción que nace de saberse en manos de Dios. Tadeo Machar lo entendió así: siendo todavía un obispo joven, vio crecer a su alrededor la envidia y el recelo, y en lugar de endurecerse respondió con la misma serenidad de los apóstoles cuando no eran bien recibidos. Su entusiasmo interior contagiaba a cuantos lo trataban, porque su gozo no dependía de los cargos ni del reconocimiento, sino del Señor. Aquella alegría lo sostuvo cuando lo dejó todo, y siguió acompañándolo en la quietud de un monasterio, hasta su muerte en 1497.
Etimológicamente su nombre significa «el que alaba». Viene de la lengua hebrea. Dice Isaías: «Mirad que voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Habrá gozo perpetuo por lo que voy a crear. Voy a hacer de mi pueblo una tierra de alegría». Fue obispo en el siglo XV. A los pies de los Alpes está la ciudad de Ivrea, que ha sido quien ha catapultado a la fama a este santo de la Iglesia.
Machar o Macarthy era un irlandés que había llegado hasta aquí por motivos diversos. Era un hombre muy fervoroso. Tenía tal entusiasmo interior que contagiaba a todos con su alegría. Era la tierra nueva y el cielo nuevo de que habla Isaías.
La vida de este joven, descendiente de una familia principesca de Munster, no fue nada fácil. Hacia la mitad del siglo XV se había opuesto a la división en clanes de algunos elementos de su familia. Clanes que eran tanto a nivel religioso como político. No tenía todavía 30 años cuando fue consagrado obispo de Rosa, en Cork.
Muy pronto comenzaron las envidias y los recelos contra él. Enterados en Roma de su gran apostolado, le nombraron también obispo de Clyne, cercana a Cork. Pero las envidias crecían como la hiedra que se adhiere a las paredes. Y él hace como cuando los apóstoles no eran bien recibidos: se sacudió sus sandalias y renunció a todo. Se vino a Europa y se quedó en Ivrea con los canónigos regulares de san Bernardo. Murió en el año 1497. ¡Felicidades a quien lleve este nombre!
Al terminar esta semblanza, damos gracias a Dios por el testimonio de Tadeo Machar, por la sencillez con que supo soltar lo que no era suyo y por la alegría que deja en la Iglesia. Que su ejemplo nos enseñe a responder a la incomprensión con serenidad y a buscar siempre la paz del Señor. Gracias, queridos lectores, por acompañarnos un día más en esta memoria del santoral.


