Pasaje Bíblico – 1 Corintios 9:24 «¿No saben que en las carreras, en el estadio, todos corren, pero solamente uno recibe el premio? Corran, pues, de tal manera que lo reciban.»
Reflexión: San Pablo recurrió a la imagen del estadio porque sabía que el deporte habla el idioma del esfuerzo y de la esperanza. La carrera que propone no se corre para derribar a otros, sino para no abandonar la meta. El saludo del Papa León XIV a los atletas de Dakar recuerda que la Iglesia mira con simpatía ese esfuerzo y desea que cada competencia sea también una escuela de lealtad y de encuentro.
El Papa León XIV saludó a los atletas de los Juegos Olímpicos de Dakar. Se trata de un gesto breve, pero de hondo significado: el sucesor de Pedro se hace presente, con su cercanía, en una cita deportiva que reúne a competidores de numerosos países y que pone a la vista de todos el valor del esfuerzo compartido.
La noticia, tal como llega desde la información de referencia, se concentra en ese saludo. No hay en ella discursos extensos ni declaraciones ampulosas, y precisamente por eso el gesto resulta elocuente: la mirada del Papa se posa sobre quienes compiten, sobre los que entrenan durante meses y sobre los que llegan a la pista con la ilusión intacta.
Dakar, ciudad que acoge esta edición de los Juegos, aparece así en el centro de una atención que va más allá de la mera crónica deportiva. El saludo del Papa León XIV recuerda que el deporte tiende puentes entre pueblos, culturas y generaciones, y que una competencia bien vivida puede convertirse en testimonio de fraternidad para cuantos la observan.
La Iglesia ha mirado siempre con estima el mundo del deporte porque reconoce en él virtudes que también educan el alma: la disciplina del entrenamiento, la paciencia ante el fracaso, la alegría de la victoria ajena, el respeto hacia el adversario. Quien corre con lealtad aprende, casi sin advertirlo, algo de la vida cristiana, que es camino, esfuerzo y esperanza sostenida.
Por eso el saludo del Papa León XIV no es un detalle protocolario, sino una palabra de aliento. Acompaña a los atletas y, con ellos, a sus familias, a sus entrenadores y a cuantos hacen posible que la cita se lleve a cabo en Dakar. Y recuerda a los creyentes que también ellos están en carrera, llamados a sostenerla con constancia y con mirada puesta en la meta que no se marchita.
Queda, al final, una invitación sencilla: rezar por los deportistas, dar gracias por el don del cuerpo y del esfuerzo humano, y pedir que toda competencia sea ocasión de encuentro y nunca de división. Gracias por acompañar esta lectura; que el Señor bendiga a quienes compiten y a quienes los acompañan desde la gracia de la oración.


