Pasaje Bíblico – Apocalipsis 21:4: «Enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá más muerte ni luto, ni llanto ni dolor, porque las cosas antiguas ya pasaron.»
Reflexión: Cuando la violencia irrumpe en una comunidad creyente, la Palabra no ofrece explicaciones fáciles, sino una promesa que sostiene: Dios mismo se inclina para secar el rostro de los que lloran. Esa certeza no borra el dolor del funeral, pero impide que el dolor tenga la última palabra. En medio del luto, la esperanza cristiana no es evasión: es la convicción de que ninguna vida queda fuera del cuidado de Dios.
La consternación marcó el funeral celebrado en Jordania tras el ataque ocurrido en San Jorge, en Hammoud. La noticia del asalto, primero, y después la reunión de los fieles en torno a los difuntos, dejaron en la comunidad un sentimiento de desconcierto que las palabras difícilmente alcanzan a expresar.
El funeral se convirtió así en el momento en que el dolor se hizo público. Según la información disponible, la conmoción acompañó cada gesto de la ceremonia: los presentes llegaron conmocionados, y el rito, lejos de ser un trámite, se transformó en el espacio donde una comunidad herida presentó su pena ante Dios.
San Jorge en Hammoud queda señalado por este ataque, y con ello la vida ordinaria de un lugar concreto —sus calles, sus casas, su gente— aparece atravesada por un hecho que nadie eligió. La referencia a la comunidad de San Jorge remite a una realidad local, cercana, de rostros y nombres, no a una abstracción lejana.
En ese contexto, la Iglesia no se limita a deplorar el hecho. Su tarea es también la de sostener a los que quedan: acompañar a las familias, custodiar la memoria de los difuntos y ofrecer un lugar donde el llanto pueda ser pronunciado sin vergüenza. El funeral, en este sentido, es un acto de resistencia creyente frente a la lógica de la violencia.
La conmoción en Jordania interpela también a quienes seguimos la noticia desde lejos. Rezar por los difuntos y por los heridos, pedir consuelo para sus seres queridos y trabajar por la paz son gestos concretos que impiden que el mal gane terreno en el corazón de los creyentes.
Que esta hora de duelo no quede sin respuesta: la oración confiada, la cercanía con los que sufren y el rechazo firme de toda violencia son el modo en que la comunidad cristiana sigue diciendo, incluso entre lágrimas, que la vida tiene un defensor.
Gracias por acompañar esta lectura con la oración; que la intercesión de los santos y la cercanía de la comunidad sostengan a quienes hoy atraviesan el dolor del luto.


